EE.UU. camufló armas como ‘ayuda humanitaria’ en Nicaragua en 1986 +Video

Hasta que sonaron las campanas de la paz en Nicaragua tuvo que correr mucha sangre por sus calles. El 19 de julio de 1979, los nicaraguenses celebraron en las calles el fin de la dictadura somocista: algunos pensaban que el triunfo de los sandinistas traería la paz, pero en realidad no fue más que el inicio de una cruenta guerra civil provocada por la intervención del Gobierno estadounidense.

La agresión contra Nicaragua

“Todo empieza con Ronald Reagan, que decide ir frontalmente contra la Unión Soviética. Él es el creador de la tesis de que la Revolución Popular Sandinista era una expresión de la confrontación este-oeste. Desde esa óptica, en la que los sandinistas éramos un producto de la intervención soviética en América Latina, empieza a diseñar una agresión contra Nicaragua“, afirma el historiador Aldo Díaz Lacayo.

Para derrotar a los sandinistas, EE.UU. organizó un grupo armado conocido como la Contracuyo financiamiento provenía de la venta de armas que la Administración Reagan hacía al Gobierno iraní cuando este se encontraba inmerso en una guerra contra Irak.

A la agresión militar y diplomática se sumó al bloqueo económico y comercial que impuso Reagan en 1981, afectando al 90% de la infraestructura productiva de ese país. “Lo más espantoso fue que nos dejaron literalmente en la calle, sin ninguna posibilidad de desarrollo económico”, critica Lacayo.

“Fuimos utilizados por EE.UU.”

Jaime Morales Carazo, excomandante de la Contra, denuncia que fueron utilizados por los intereses norteamericanos “para tratar de impedir, aunque nos dimos cuenta tarde, que la Revolución Sandinista se trasladara a El Salvador y llegara a ocurrir allí lo mismo que en Nicaragua”.

Sin embargo, la historia cambió su rumbo cuando la Contra, según cuentan sus miembros, se sintió utilizada por el Gobierno estadounidense. Morales Carazo recuerda lo que le contestaron en una reunión con la plana mayor de EE.UU. en víspera de los últimos procesos de negociación: “les pregunté: ‘¿qué podemos esperar nosotros, los de la Contra, de nuestro aliado, que son ustedes? La respuesta fue muy cruda: ‘están abandonados a su propia suerte‘”.

“Evitar volver a desembocar en esa barbarie”

Si bien en un momento se decía que los sandinistas y los contras no podían estar en un mismo lugar respirando el mismo aire, lo cierto es que tras un largo proceso de reconciliación ambos bandos aprendieron a convivir en paze incluso a estrechar alianzas para trabajar por el bien del país.

Cuando en el año 2006 Ortega se postula nuevamente como Presidente, elige a Jaime Morales Carazo, ex jefe de la Contra, como su candidato a la vicepresidencia. “Acepté ser compañero de fórmula de Ortega para evitar que volviéramos a desembocar en esa barbarie a falta de haber dialogado entre nosotros”, indica el excomandante. “Y lo que es peor, haber sido manipulados por intereses extraños“, concluye.

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