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Compartimos con todas y todos uno de los escritos que realizó nuestro Comandante Carlos Fonseca Amador, Jefe de la Revolución Sandinista: Sandino: Guerrillero Proletario. A continuación, se presenta el texto, tal y como está originalmente.

Augusto Cesar Sandino, el obrero de procedencia campesina que combatió con las armas contra los invasores norteamericanos en Nicaragua, nació en Niquinohomo el 18 de mayo de 1895. Desde la infancia trabajó en el campo. Su natural inteligencia le permitió aprender a leer y escribir, pese a la hostilidad del medio social.

Desde muy joven, conoció el recrudecimiento de la intromisión yanqui en el país. En 1912, cerca del pueblo natal de Sandino, el puñado de patriotas encabezados por el héroe Benjamín Zeledón, combatió al invasor yanqui.

En 1912 viajó fuera del país hacia otras tierras, al igual que miles de nicaragüenses. Conoció varios países centroamericanos, México y Estados Unidos, y de este último retornó a México, donde aún se olía a pólvora de las balas disparadas por los oprimidos campesinos que encabezó el guerrillero Emiliano Zapata.

En México trabajó en Cerro Azul, Veracruz, como obrero mecánico de las instalaciones de la compañía petrolera norteamericana, Huastecum Petroleum Company. Despreciando el privilegio de su condición de obrero calificado, decidió regresar a la patria y ocupar un lugar en la lucha.

Desembarcó en Blufields, Costa Atlántica de Nicaragua, donde se hallaba el centro del movimiento armado contra el gobierno títere instalado por el imperialismo.

DE AQUÍ PARTIÓ HACIA LAS SEGOVIAS, MONTAÑOSA ZONA DEL NORTE DE NICARAGUA.

El 26 de octubre de 1926, Sandino, en unión de su grupo de trabajadores, sustrajo dinamita de los almacenes de la empresa norteamericana que explotaba el yacimiento aurífero San Albino y comenzó a combatir contra el régimen conservador de Adolfo Díaz, establecido por los yanquis. En la zona del Guazapo, en el extremo norte de las Segovias, instala su campamento rebelde.

El 2 de noviembre de 1926 la bisoña tropa sostuvo en San Fernando el primer encuentro armado con elementos del gobierno. Las escasas e ineficientes armas que poseía el pequeño grupo de patriotas obligaron a Sandino a emprender la marcha hacia el lejano Puerto Cabezas, situado en el litoral Atlántico, y donde tenía su asiento el mando liberal que disponía de armas modernas para la guerra que sostenía contra el gobierno conservador. El mando liberal, forzado por los marinos yanquis, se había establecido en terrenos de la Patria.

Sandino y sus compañeros recorrieron mil kilómetros de río y selva en el viaje de ida y regreso entre la montaña y la costa. Los pérfidos zorros del mando liberal, desconfiados de las ideas “raras” de Sandino, le negaron las armas y pretendieron además obligarlo a desistir de operar en el norte. Pero con la ayuda de algunas mujeres del puerto, Sandino obtuvo cerca de cuarenta armas que habían sido abandonadas por las tropas liberales.

El 2 de febrero de 1927, Sandino y sus compañeros regresan a Guazapo y desarrollan una campaña ofensiva desde el Norte hasta el Centro del país en las que ocasiona repetidas derrotas a las fuerzas del gobierno conservador. La fuerza intervencionista yanqui controla una serie de puntos del país y además Estados Unidos le facilita al gobierno títere 3,000 rifles, 200 ametralladoras y 3 millones de cartuchos.

Luego de tomar la ciudad de Jinotega, Sandino y su columna segoviana de 800 hombres muchos sin armas, se dirigieron hacia el centro del país, donde ocuparon la población de San Ramón, en el Departamento de Matagalpa. Después continuó la marcha hacia donde se encontraban las fuerzas del mando liberal, amenazadas por el enemigo conservador. Se avecinaba la batalla final de la guerra entre liberales y conservadores.

Bloor, agregado militar yanqui, ha dicho que en esos días 1,600 rebeldes liberales se enfrentaron a 3,400 conservadores. En ese momento se libró el combate de Las Mercedes, cerca de Teustepe, en donde obtuvo una victoria estratégica decisiva la columna del jefe Sandino; la fama de valiente ganada en el curso de la jornada rebelde.

CON TODA RAZÓN DIRÍA QUE:

“los últimos disparos de aquella guerra constitucionalista fueron hechos por mi caballería”.

REFERENCIA:

Carlos Fonseca (1980). “Sandino Guerrillero Proletario”, Colección Juan de Dios Muñoz – Serie Pensamiento Sandinista, pp. 9 – 11

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