DOCTRINA YANQUI PARA LA CUENCA DEL CARIBE

Desde que las tropas yanquis tuvieron que retirarse de Siria, Trump aceleró las políticas de cambio de régimen en Venezuela y la cuenca del Caribe. Revalorizaron la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, cuyo objetivo es destruir las estructuras institucionales de los países de la región, mediante la generación de un caos que erosione los vínculos sociales en los que se sustenta el Estado-nación, sin importar que sean amigos o adversarios de Estados Unidos. Quieren impedir que haya gobiernos soberanos que puedan decidir sobre los recursos energéticos  de sus territorios.

La primera parte del plan fue sembrar el caos en el Medio Oriente con las guerras en Afganistán, Irak, Líbano, Libia, Siria, Yemen. La segunda trata de hacer lo mismo en la cuenca del Caribe, mediante la destrucción de una veintena de países con costas en ese mar, exceptuando a Colombia, convertida en socia global de la OTAN y México, integrado de manera subordinada al espacio geopolítico de América del Norte.

Los antecedentes de dicha doctrina se remontan al 11 de septiembre de 2001. A raíz de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York, el secretario de Defensa estadunidense, Rumsfeld −integrante un poder clandestino paralelo al de la Casa Blanca−, reactivó la “Oficina de Transformación de la Fuerza”, creada por Clinton y designó al vicealmirante Cebrowski para dirigirla, quien redimensionó la guerra centrada en redes elaborada por el Pentágono tras la insurrección campesina indígena del Ejército Zapatista Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, y restructuró la estrategia de espectro completo con la era de la información, para así lograr una hegemonía en el campo de lo social, lingüístico, cognoscitivo, informativo y físico.

El estratega geopolítico del Departamento de Defensa y asistente de Cebrowski, Thomas Barnett, impartió el nuevo modelo al alto mando militar en 2003, resumiéndolo en un mapamundi que dividió al orbe entre países a los que denominó núcleo funcional (estados estables o el G8 y sus aliados) y otros (el resto del mundo) a los que ubicó en la brecha de no integrados, considerados como simples almacenes de recursos naturales sujetos a la destrucción de sus estructuras estatales y al control militar de EU.

Las naciones de este grupo ya no fueron vistas como independientes y soberanas. Había que hacerlas retroceder a la era del caos −a la época de las cavernas− mediante campañas de desestabilización y guerras regionales híbridas o difusas, interminables y recurrentes, donde el caos neo social alcanza proporciones tan espantosas que nadie piensa ya en resistir, sino sólo en sobrevivir; zonas donde las corporaciones multinacionales pueden extraer (despojar a los pueblos) las materias primas que necesitan sin rendir cuentas a nadie. Ejemplo, Afganistán, Irak, Libia, Yemen en el Medio Oriente. O los conflictos en curso en la cuenca del Caribe, con epicentro en Venezuela, Cuba y Nicaragua, donde el imperio ha encontrado fuerte resistencia gubernamental y popular, con la actual emergencia migratoria en el sureste de México y el triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras).

Siguiendo el curso de los conflictos regionales y las guerras difusas de 2003 al presente (Túnez, Libia, Egipto, Palestina, Líbano, Siria, Irak, Arabia Saudita, Bahréin, Yemen, Turquía, Afganistán, Venezuela), se verá que todos se encuentran dentro de las zonas no integradas del mapa Barnett y también dentro de la franja petrolera del planeta.

La estrategia del caos de los halcones de la administración Bush (Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld, Fukuyama, Huntington, Cebrowksi y Bolton) fue concebida en la Universidad de Chicago por el filósofo Leo Strauss, quien reintrodujo esa noción como herramienta de dominación de una élite escogida para someter a masas incultas con base en la jerarquía natural.

En la actualidad, arrinconado por el fiscal Mueller y la trama rusa−y para evitar ser acusado de alta traición−, Trump tuvo que negociar su supervivencia política con el Estado profundo. Los halcones de la CIA y el Pentágono lo obligaron a aplicar la doctrina Rumsfeld-Cebrowski del grupúsculo enquistado alrededor del American Jewish Committee.

Fue así que John Bolton, hoy consejero de seguridad nacional y Mike Pompeo, ex director de la CIA y actual secretario de Estado, con apoyo de Elliot Abrams, convicto del caso Irán -Contras, reactivaron el proyecto del Pentágono para la destrucción de los estados de los países de la cuenca del Caribe, en particular, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Lógica, en que de manera encubierta quieren envolver al gobierno de López Obrador, si no se disciplina a los dictados de la clase capitalista transnacional.

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