Viva el FSLN, a 40 años del triunfo contra Somoza y los contras de Estados Unidos

El pasado 20 de julio celebramos junto con representantes del FSLN en Suecia la histórica victoria de hace 40 años, cuando el pueblo nicaragüense con el FSLN derrotó a la Guardia somocista entrenada por soldados de Estados Unidos.

Un amplio movimiento de solidaridad en América Latina, Europa y Estados Unidos se organizó para apoyar a Nicaragua.

La victoria fue histórica. Nicaragua se liberó de Estados Unidos y pudo iniciar la construcción de una sociedad basada en solidaridad, educación, salud, trabajo y cultura para todos.

Sin embargo, Nicaragua enfrenta hoy la misma agresión que Venezuela ha sufrido de parte de Estados Unidos, una guerra económica y violentas pandillas callejeras que asesinan, queman y destruyen.

Lamentablemente, ahora las pandillas callejeras son aclamadas en nuestros medios de comunicación.

Luego de asistir a la conmemoración del 40 aniversario en la Casa de la Solidaridad en Estocolmo, escuchamos al insustituible corresponsal para América Latina, Lars Palmgren, referirse al líder del FSLN y presidente electo del país,Daniel Ortega, como “dictador, como un jefe de la mafia peor que el tirano Somoza respaldado por Estados Unidos”.

El siguiente discurso fue pronunciado por Eva Björklund en el acto conmemorativo que tuvo lugar en la Casa de Solidaridad:

Quiero hablar de la solidaridad en la lucha por un mundo mejor, y hoy específicamente de la solidaridad sueca con Nicaragua.

La solidaridad con el pueblo de Nicaragua, la solidaridad con la construcción de una nueva sociedad, en medio de la guerra de los contras armados por la CIA, fue una solidaridad popular, sueca e internacional, desde muchos países y gente, incluyendo norteamericanos, como por ejemplo los Pastores por la Paz.

En la Suecia de Olof Palme la solidaridad popular logró impulsar la colaboración estatal, la ayuda sueca para el desarrollo en Nicaragua.

Hoy recuerdo las esperanzas que teníamos cuando seguíamos, en la primavera y el verano de 1979, la fase final de la lucha de liberación contra el dictador Somoza respaldado por Estados Unidos. Y recuerdo la desbordante alegría cuando los sandinistas entraron a Managua un día como ayer, 19 de julio, hace 40 años. Somoza y su gente salieron corriendo hacia Estados Unidos.

La victoria del FSLN prendió una nueva luz en la oscuridad de América Latina, donde los yanquis y los militares intentaron con el Plan Cóndor eliminar a toda la izquierda en el continente.

Y aquí nosotros, con sueco-cubanos y otros latinoamericanos, impulsamos la fundación de la VSFN, la Asociación de Amistad Sueco-Nicaragüense. Y con sus brigadas cientos de suecos, jóvenes y viejos, viajaron a Nicaragua para ayudar con trabajo voluntario.

Esos fueron tiempos buenos de la solidaridad con América Latina. En el sur de Suecia se fundó el Comité de Apoyo a América Central, y en varias ciudades se formaron comités latinoamericanos y brazos locales de la VSFN. Más recientemente, en Estocolmo, se organizó el comité Carlos Fonseca Amador.

Daniel Ortega visitó Suecia en 1988, invitado por el gobierno. Fue recibido en un acto masivo en el ABF, lo recuerdo muy bien, porque traduje su discurso.

En los ochenta había un ambiente general de solidaridad para Cuba y Nicaragua. Olof Palme viajó a Nicaragua y dio un discurso de solidaridad. Poetas y artistas suecos hicieron donaciones y viajaron a Nicaragua, iniciando proyectos de colaboración.

Pero la lucha tuvo que seguir, cada día más difícil. Llegaron las amenazas del presidente Reagan, que no permitiría que otro modelo como el de Cuba se instalara en su “patio trasero”, y comenzó la campaña armada para cambiar al régimen en Nicaragua.

Los contras con armas de la CIA, financiadas por el contrabando de drogas y ventas ilegales de armas a Irán, sangraron el país hasta que se negoció un acuerdo de paz, y en elecciones en 1990 una mayoría del pueblo, desesperada por el sufrimiento de la guerra, eligió lo que pensaba que traería la paz, pero el precio resultó ser un régimen títere de Estados Unidos.

Así como habíamos celebrado la victoria de los sandinistas en 1979, ahora llorábamos la victoria de la derecha títere y entendimos lo que venía. Era una nueva situación, la neoliberal.

El pueblo sufrió las consecuencias de la política antipopular. Pero esto fortaleció el apoyo y la solidaridad con el FSLN en su lucha política y social, y el partido ganó las elecciones de 2006, regresando al gobierno.

Para entonces, habían surgido otras fuentes de solidaridad en América Latina. Con la victoria de Chávez en Venezuela, se funda el ALBA, Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, con Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y varios estados del Caribe.

Con 10 años de paz, solidaridad y cooperación del ALBA, Nicaragua obtuvo grandes avances en educación, salud, trabajo para todos, igualdad de género y otros importantes logros socioeconómicos. El país es aún pobre materialmente, pero rico en valores humanos.

Hace un par de años, un 19 de julio, también hablé sobre Nicaragua y la solidaridad, cuando no nos imaginábamos el ataque general contrarrevolucionario que vendría desde Estados Unidos. Estados Unidos exportó a Nicaragua el concepto ‘guarimbas’, la violenta pandilla callejera que causó muertos, heridos y edificios destruidos en Caracas.

Hoy en día, Estados Unidos tiene un segundo Plan Cóndor que busca en América Latina la misma degradación de estados y sociedades que en Oriente Medio. Esto sucede con la lluvia de dólares y el apoyo político a grupos violentos para crear la insatisfacción necesaria que impulse el cambio de régimen, el mismo modelo que se aplicó en Siria y otros países.

Hoy en día, la CIA ni siquiera trata de encubrir -como en tiempos de la Contra- su contrarrevolución bélica en América Latina; ahora la nueva forma de guerra irregular, con pandillas violentas en las ciudades, es abierta y públicamente respaldada por la Casa Blanca. Y ahora también cuenta con el apoyo del gobierno sueco, que se inclina cada vez más hacia Estados Unidos, pero contrarrestado por un pequeño y no tan activo movimiento de paz y solidaridad.

La solidaridad con Nicaragua debe aumentar y posicionarse en contra de la guerra de Estados Unidos, apoyando a la mayoría de los nicaragüenses y al gobierno que elijan.

¡La lucha continúa… hasta la victoria siempre!”.

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