Salvador Allende, presidente de la dignidad de nuestra América #TURISMOPATRIO #FNTNNIUNPASOATRAS #PATRIAPARATODOS #TEAMONICARAGUA #AMORYPAZNICARAGUA #NICARAGUA40REVOLUCION #ELTAYACANVENCEDOR #NIUNPASOATRAS #NICARAGUALINDA #NICARAGUATRABAJOYPAZ #NICARAGUAQUIEREPAZ #NICARAGUASANDINOSIEMPRE #FEFAMILIAYCOMUNIDAD

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El 11 de septiembre de 1973, hace 46 años, se desarrolló el Golpe de Estado que provocó la muerte del legítimo presidente de Chile, Salvador Allende.  histórico discurso que el mandatario dirigiera el pueblo que lo eligió, acompañado de un escrito emotivo y revolucionario.

 El gobierno de Salvador Allende, del 4 de septiembre de 1970 al 11 de septiembre de 1973, fue un gobierno de mil días, en que la derecha recalcitrante de Chile y los Estados Unidos no le dieron oportunidad de gobernar en paz.

La coalición de izquierda, la Unidad Popular, conformada por el partido Socialista, partido Comunista, Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), Acción Popular Independiente y otros represes antes de la clase trabajado ganó las elecciones presentando un programa con tres puntos estratégicos: política exterior, independiente, reforma agraria y nacionalización del cobre.

El doctor Allende asumió la presidencia el 4 de noviembre y casi de inmediato empezó la conspiración interna y la injerencia externa que no cesó hasta su derrocamiento el 11 de septiembre de 1973, un día para recordar la felonía y la traición, pero también la dignidad, la lealtad y el heroísmo.

La izquierda chilena, liderada por Salvador Allende, propugnaba por una forma de socialismo pacifico, democrático, pluripartidista, la que fue denominada como la vía chilena al socialismo, una revolución sin fúsiles distinta a la cubana, pero que perseguía los mismos fines de disminuir la pobreza y las desigualdades. Los tres años de gobierno de la Unidad Popular, Allende, tuvo que dirigir el país con la oposición del Congreso y una parte de la población, altamente conservadora, que asumió posiciones antagónicas activas.  Esta tensión social era atizada desde Washington, lo que fue confirmado en documentos estadounidenses sobre el golpe de Estado en Chile desclasificados en los años 1999 y 2000.

La clase empresarial, políticos de derecha y el periódico de derecha El Mercurio, asumieron una actitud beligerante, para crear un ambiente de hostilidad.   Se agitaron las calles, hubo huelgas de camioneros, cacerolazos en los barrios de clase media y alta, todo para provocar un clima de inestabilidad y malestar social que se incrementaba con el bloqueo económico y el desabastecimiento.   La inflación se disparó y hubo escasez de alimentos y medicinas, que en los golpes de estado contra gobiernos de izquierda se utilizan por ser los de mayor efecto negativo en la población.

En Chile, durante el gobierno de Allende, se promulgó la Ley de Nacionalización del Cobre; se expropiaron algunas haciendas, aumentó el control estatal de empresas y bancos; se nacionalizaron empresas extranjeras y se adoptaron medidas para la redistribución de la renta.

En el campo de la diplomacia internacional, Allende dio la batalla denunciando la agresión internacional ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1972.   Ya estaba en marcha el golpe.

Los documentos desclasificados de la CIA, el Pentágono y Departamento de Estado y el FBI, muestran como desde la elección de Allende, empezaron las acciones para socavar el gobierno chileno con el argumento de querían evitar que surgiera una nueva Cuba.   La autorización para las acciones encubiertas la dio el presidente Richard Nixon al director de la CIA, Richard Helms.    Desde 1963 la CIA intervino para evitar que Allende fuera electo, luego para desestabilizar su gobierno en el periodo 1970-1973 y luego del cruento golpe de estado apoyaron la dictadura de Augusto Pinochet.

Antes del golpe el general Carlos Prats, presionado por la derecha y sin apoyo de los mandos del ejército renunció a su cargo de Comandante en Jefe del Ejército.   En su lugar el presidente Allende designó al general Augusto Pinochet, apenas dos semanas antes del golpe.  Este oscuro, astuto, hermético y ambicioso militar, como lo describen quienes lo conocieron de cerca, no tenía mayor relevancia en la preparación del golpe, pero los organizadores del mismo le ofrecieron encabezarlo y el aprovechó la oportunidad.   Augusto Pinochet se convirtió en el jefe del golpe de Estado en 1973 y un año siguiente el general Prats fue asesinado por los órganos de inteligencia de la dictadura.

El martes 11 de septiembre de 1973 empezó el golpe muy temprano.  A las seis de la mañana los barcos de la Armada que habían zarpado el día anterior para participar en ejercicios militares junto a buques estadounidenses, regresaron apresurados a Valparaíso, dispararon algunos cañonazos y ocuparon las calles del puerto, la intendencia y los centros de comunicación.   Enterado Allende de los movimientos golpistas de Valparaíso, llegó a las 7 y media de la mañana al Palacio de La Moneda acompañado de sus colaboradores, allí informó al país por medio de la radio, del levantamiento. Apenas 15 minutos después las radios de oposición transmitieron la primera proclama de las Fuerzas Armadas, para entonces ya había tropas rebeldes rodeando La Moneda.

Ya hubo comunicación de Allende con los jefes de los tres ejércitos, que conjurados no respondieron a las llamadas del presidente.   Empezaron los disparos de los francotiradores golpistas desde los edificios públicos de las cercanías.  A las 9 y 20, el compañero presidente se despidió del pueblo chileno en un discurso, el último, a través de Radio Magallanes.

Los tanques dispararon contra La Moneda y los defensores respondían.   Allende rechazó el ofrecimiento de un avión para salir del país, al exilio.    Cuando eran las 11 el presidente pidió que un grupo de mujeres, entre ellas sus hijas, y un grupo de funcionarios del gobierno salieran del palacio.  A las 12, cuatro aviones bombardearon durante quince minutos el interior del palacio lanzando más de veinte bombas explosivas.  El edificio empezó a arder.  Los militares entraron por una puerta lateral, y para entonces, la guardia de Carabineros encargada de protegerlo se había pasado al bando de los golpistas.   A la una y media de la tarde Allende, pidió a sus leales colaboradores que se rindieran.  Se escucharon unos disparos y el fiel comandante Roberto Sánchez, entró al salón donde estaba el cuerpo de Allende, que pagó con su vida la lealtad del pueblo chileno.  Tenía en sus manos el fúsil que le había regalado Fidel Castro.

Los milicos golpistas detuvieron a aproximadamente 30,000 militantes de la Unidad Popular que fueron concentrados en el Estadio Nacional.  Murieron aproximadamente 3,196 personas, miles tuvieron que salir al exilio.  Pero como dijo Allende en su último discurso: “No se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.  La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

A 46 años del golpe de Estado en Chile, cuando las fuerzas oscuras se coaligan en contra de los procesos progresistas recordamos la firme palabra del compañero presidente Allende en el aciago 11 de septiembre de 1973, pronunciado en medio de disparos, fuego y humo, pero con absoluta confianza en el porvenir de los pueblos, el que no podrá ser derrotado por el imperialismo, ni los partidos de derecha, la falsa izquierda, las cámaras empresariales y la prensa prejuiciada a favor de los intereses de las clases dominantes.

Discurso histórico

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile…

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirá las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973.

Salvador Allende.

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