9 de octubre: Che inmortal #SOMOCISMONUNCAMAS #FNTNNIUNPASOATRAS #PATRIAPARATODOS #TEAMONICARAGUA #AMORYPAZNICARAGUA #NICARAGUA40REVOLUCION #ELTAYACANVENCEDOR #NIUNPASOATRAS #NICARAGUALINDA #NICARAGUATRABAJOYPAZ #NICARAGUAQUIEREPAZ #NICARAGUASANDINOSIEMPRE #FEFAMILIAYCOMUNIDA

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Hoy conmemoramos el tránsito a la inmortalidad del Guerrillero Heroico, Ernesto “Che” Guevara, asesinado el 9 de octubre de 1967, hace 52 años, por orden de la CIA en La Higuera, Bolivia.

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Asesinando al Che, el Imperio pretendía dar un mensaje preciso a todos los movimientos guerrilleros que en distintos lugares del mundo estaban luchando para la liberación y emancipación de los pueblos oprimidos. La administración de los Estados Unidos y sus servicios de inteligencia pensaron que de esta forma iban a eliminar no solo al hombre, sino al ícono de la lucha revolucionaria. Sin embargo no lo lograron: 52 años después, el Che sigue vivo y su ejemplo sigue inspirando a millones de hombres y mujeres que luchan cada día para un mundo más justo.

El 8 de octubre, cuando el Che cayó herido y fue apresado por los soldados del ejército boliviano y los agentes de la CIA, lo llevaron a la escuela del pequeño poblado de La Higuera, a poca distancia de la Quebrada de Yuro, donde se libró el último combate.

En una habitación de la escuelita estaba el Che, tirado en el suelo, amarrado de pies y manos debajo de una ventanita que había al lado de la puerta, detrás de él estaban los cadáveres de dos guerrilleros.

Más tarde, la mañana del 9 de octubre llegaron en helicóptero los agentes de la CIA y los altos jefes militares.   El Che, salió caminando con dificultad por sus heridas y fue fotografiado vivo.

En esta última fotografía, tomada por el mayor boliviano Jaime Niño de Guzmán, aparecía también el agente de la CIA, Félix “Ramos” Rodríguez.

En el mismo momento en que el Comandante Guevara era fotografiado en La Higuera, en la ciudad de La Paz el Presidente René Barrientos Ortuño, acompañado del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Alfredo Ovando Candia, el general Juan José Torres González, Jefe de Estado Mayor y el alto mando militar, reunidos en pleno, tomaban la decisión de acabar con su vida sin respetar que era un prisionero de guerra.

Las pertenencias del Che decomisadas por sus captores eran una cartera de cuero que tenía adentro un libro grande del año 67 con los meses escritos en alemán, su diario de campaña; fotografías de su familia, medicamentos para el asma, unos libritos para mensajes en clave, algunos billetes de banco, una daga.  Una vez asesinado se repartieron su pipa, que reclamó para sí el sargento Terán, encargado de cumplir con la orden de darle muerte.

“Maniatado como se lo ven en las postreras fotografías, sentado sobre el suelo de tierra, con los pies recogidos y las piernas plegadas al vientre, con la espalda conteniendo a sus agotados pulmones.  Su muy trajinado cuerpo dentro del raído uniforme verde olivo y la chamarra azulada que fueron su mortaja.  Logró ponerse de pie pese a las ataduras y heridas del combate del día anterior.  Su reacción habrá sido en él, como un activarse un resorte con la abrupta irrupción del suboficial Mario Terán en el aula escolar”.

“De su vieja experiencia de toda una vida revolucionaria y guerrillera, tan cercana a las armas de fuego; tan familiarizado con la vida y con la muerte, con el éxito y con la derrota, supo inmediatamente el significado de esa presencia armada en aquel recinto.  Y la eternidad del instante final habrá sido más veloz que el fogonazo que intuía venía sobre él.  Se habrán sucedido en raudo torrente, atolondradas y cronológicas las imágenes más significativas de su vida”.

Fue designado como verdugo el suboficial Mario Terán, narró en 1977 a la Revista Paris Match, como fueron los últimos momentos del Che.   Contó Terán que los ojos del Che brillaban intensamente y que cuando lo miró fijamente le dio un mareo, sintió que el Che con un movimiento rápido podía quitarle el arma.   El Che se dio cuenta de que le temblaban las manos y que tenía miedo a pesar del alcohol que había bebido para buscar valor para cumplir con la orden de asesinarlo.    Según el testimonio del mismo Terán, el Che le dijo: –¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!  –

El Sargento Terán dio un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerró los ojos y disparó la primera ráfaga.   El Che cayó con las piernas destrozadas, cayó al suelo, y el asesino les disparó entonces una segunda ráfaga que lo alcanzó en el brazo, en el hombre y en el corazón.   Era la una y cuarto de la tarde, la hora exacta de su muerte.   La hora en que el Che entra en la historia de Bolivia y de Latinoamérica.  No es la hora de los asesinos, es la hora de los héroes de la guerrilla que engrandecieron las luchas revolucionarias.

¡Hasta la Victoria Siempre! 

Fuentes:

Daniel Arturo Oropeza Echeverría.  (2017) Che. La Guerrilla Final.  50 años después.  La Paz, Bolivia.

Inti Peredo (1968). Mi Campaña con el Che.  Historia Viviente.

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