Sin más alternativa que la lucha, muy cerca de la muerte, pero no del final. #DIGNIDADYNOVIOLENCIA #CONLAPAZNOSEJUEGA #ELPUEBLODEDIOSSOMOSTODOS #NOUSENADIOSCONLASMANOSSUCIAS #SOMOCISMONUNCAMAS #FNTNNIUNPASOATRAS #ELTAYACANVENCEDOR

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Leonel

 

 

El 15 de enero de 1970, hace 50 años, cayeron en desigual combate, enfrentando a la guardia somocista, tres jóvenes del FSLN en una casa de seguridad, ubicada en las inmediaciones del Cementerio Oriental en Managua. 

Entregaron sus vidas, después de varias horas de lucha heroica contra todo un ejército con ametralladoras, tanques, cañones, y aviones. Los nombres de los tres eran: Mauricio Hernández, Róger Núñez y Leonel Rugama. Cantaron el Himno Nacional antes de morir. Y se dice que fue Leonel el que, al oficial que los conminaba a rendirse, contestó con un grito: “¡Que se rinda tu madre!”

Origen humilde y pasión para el estudio

En una Nota autobiográfica, escrita en 1969, Leonel Rugama describe así su vida:

“Nací el 21 de marzo de 1949 en un valle al noreste del Departamento de Estelí, Nicaragua, Centro América. Fui trasladado a la ciudad de Estelí en febrero de 1950; aquí estudié la primaria, inclinándome por las matemáticas. En 1962 fui a la Ciudad Universitaria (León), donde aprobé el último grado de primaria, obteniendo el segundo lugar en clases, 1962-1966. Estudié secundaria en el Seminario Nacional de Managua. Terminé mi último curso de secundaria en el Instituto Nacional de Estelí, obteniendo el primer lugar en clases.

Ahora llevo una vida de autodidacta, por no tener facilidades económicas, para ingresar en una universidad. Actualmente escribo para Novedades Cultural y me ejercito en ciencias exactas.  De mis familiares tendré que decir: desciendo de pobres familias aunque honorables. Mi padre es oficial de carpintería y mi madre maestra empírica”.

Su mayor problema era hallar una solución contra la miseria

“Siempre regresaba con las tortillas frías porque se quedaba en la placita jugando con los amiguitos… era un chico jocoso y juguetón; jugaba mucho al circo, prefería los libros a las pistolas de mentiras, pero murió con una pistola de verdad que no lo dejó morir… Ese fue Leonel para mí”.

Estas palabras son parte de los recuerdos que la madre de Leonel Rugama, doña Cándida, compartió con los periodistas de Barricada, en ocasión del 13 Aniversario de su heroica caída, el 15 de enero de 1983.

“Leonel se puso serio ya mayorcito; desde pequeño le gustaban los poemas. No podía ver la pobreza y cuando alguien le pedía su camisa, se la quitaba y se la cedía, aunque fuera su única camisa. Lo mismo en clases, Leonel siempre le ayudaba a los alumnos que tenían problemas”.

Doña Cándida explicó, en ese entonces, que estando Leonel en el Seminario, visitaba los barrios pobres y eso, confesaba, le hacía pensar dolorosamente. “Su mayor problema era hallar una solución contra la miseria”. (1)

Su preocupación para los explotados, los desposeídos, los hambrientos, es una constante en muchos de sus poemas. Al referirse al rostro de un explotado, en el poema Tesis, escribe:

[…] Al llorar, en su rostro,

se forma un lodazal, mezcla

de sangre, lágrima y tierra.

“La poesía de Rugama es ante todo una poesía del pueblo, muy directa y muy realista, y con humor muy nicaragüense. El canta a los lustradores, a las lavanderas, a la vende vaho y la vende chicha, al chofer y al vende chicle, y les canta en su propio idioma” (1).

Al respecto, uno de los ejemplos más conocidos es el poema Como los santos, donde Leonel hace un llamado a todos los hombres y las mujeres del pueblo, mencionándolos y describiéndolos uno por uno, para hablar de los santos, es decir de los revolucionarios como Sandino, El Che, Miguel Ángel Ortez, Jorge Navarro, Jacinto Baca, Julio Buitrago.

Ahora quiero hablar con ustedes

o mejor dicho

ahora estoy hablando con ustedes.

 

Con vos

con vos tunco carretonero

con vos estoy hablando.

 

Con vos carbonero

carbonero encontilado

vos

vos que llevás ese cipote

enganchado

sobre el carretón

y lo llevás sosteniendo la lata

y todo encontilado […]

 

Con vos también

aseado chofer particular

engrasado taxista

camionero polvoso

busero gordo

soldador borracho

zapatero remendón

judío errante afilador de cuchillos

de hachas

machetes y tijeras

con todos los vende sorbetes y raspados

y con todos los vendedores ambulantes […]

 

Leonel quiere contar la historia de los grandes revolucionarios a los más humildes, para que estos hombres ejemplares se conviertan en fuente de inspiración para los explotados.

Leonel guerrillero

“Leonel Rugama fue varios años seminarista. Entró al FSLN y a la guerrilla urbana porque quería demostrar, dijo, que los intelectuales “socan”. (1)

Leonel Rugama hace alusión, en su poema Biografía, a su integración a la lucha armada:

“[…] El grado de sus llamas

Se hacía cada vez más insoportable.

Hasta que abrazó con el ruido de sus pasos

la sombra de la montaña.

[…]

Todo mundo careció de oídos y el combate

donde empezó a nacer

no se logró escuchar”.

 

Como guerrillero, decidió ir hasta las últimas consecuencias. Terminó encarnando el mismo heroísmo que había cantado en sus versos:

 

“[…]los héroes nunca dijeron

que morían por la patria,

sino que murieron”.

 

Estas célebres palabras, se encuentran en el poema Las casas quedaron llenas de humo, que Leonel había dedicado a los héroes sandinistas Julio Buitrago Urroz, Alesio Blandón Juárez, Marcos Antonio Rivera Berríos, Aníbal Castrillo Palma, asesinados seis meses antes por la guardia somocista, el 15 de julio de 1969. Ellos también, como Mauricio, Róger y Leonel habían resistido épicamente contra 300 efectivos de la Guardia Nacional, apoyados por la artillería y la aviación.

Leonel poeta

Leonel Rugama, que tenía sólo 20 años, y había publicado sólo unos cuantos poemas […] pasó a ser conocido inmediatamente como uno de los grandes poetas de la poesía nicaragüense.

Podemos imaginar lo que habría sido este poeta en la literatura mundial y en la de todos los tiempos, habiendo vivido muchos años más: si ya con sólo lo que escribió a los 20 es uno de los grandes de la poesía nicaragüense.

En su poemario, encontramos poemas donde se refleja su niñez y juventud: O jugar ajedrez, Miedosos apuñando lápices y cuadernos; poemas de amor como Safo no; Para que se den cuenta; Para la misma muchacha. Los poemas más conocidos son los que hacen énfasis en el tema político-social, como: El libro de la historia del Che; Rampas, rampas y rampas; Las casas quedaron llenas de humo; Como los santos, Cartelón, La tierra es un satélite de la luna.

En realidad, leyendo su poemario, nos damos cuenta que es imposible separar el poeta del guerrillero. Así como es imposible no ver en Leonel Rugama a un muchacho de su edad, con sueños, amores, amistades que lo hacen parecido no solo a los jóvenes de su época, sino también a los jóvenes de hoy.

Conocimos a Leonel Rugama, después de la noche somocista

Fue solo después del Triunfo de la Revolución Popular Sandinista, que el pueblo nicaragüense tuvo la oportunidad de conocer mejor su poesía, ya que la Secretaría Nacional de Propaganda y Educación Política del FSLN publicó en 1980, Obras, una recopilación de sus poemas y un año después, en 1981, la Editorial Nueva Nicaragua del Ministerio de Cultura publicó sus poemas, que se recogieron casi en su totalidad, fijando filológicamente y cronológicamente su letra.

La edición de 1981 es muy importante, porque se fijaron los textos gráficamente, después de cotejar las impresiones con los originales (escritos a mano y a máquina) que tenían guardados sus familiares y amigos. Por tanto, se restituyeron “cursivas, puntuación, blancos, dedicatorias, disposición estrófica y epígrafes que precedían sus poemas […] suprimidos en publicaciones anteriores”.

Alcance internacional

La poesía de Leonel Rugama salió de las fronteras nacionales y circuló en el exterior, como ejemplo de poesía social, comprometida con los ideales revolucionarios.

Ocho años después de su asesinato, en 1978, Mario Benedetti en su antología política latinoamericana, titulada Poesía trunca (La Habana, Casa de Las Américas, 1978), presentó a 28 poetas guerrilleros de la poesía. Entre ellos, había cuatro nicaragüenses: Rigoberto López Pérez, Edwin Castro, Ricardo Morales Avilés y Leonel Rugama.

Y a principio de los años ochenta, siempre la Casa de las Américas, dedicó una edición en 1983 a sus poemas.

Estas primeras ediciones de gran prestigio permitieron que Leonel Rugama fuese leído y conocido fuera de las fronteras nacionales; a la vez fue consagrado como ejemplo de intelectual profundamente vinculado a la realidad de su país, de su gente. Y a la lucha revolucionaria contra la dictadura somocista, como se lee en el poema Memoria a los héroes:

[…] ¿Hasta cuándo marcharéis solos por los caminos de la liberación?

¿Hasta cuándo levantaremos nuestras manos vacías?

¿Hasta cuándo harán ruidos nuestros puños?

¿Hasta cuándo nos abstendremos de comer nuestra propia carne?

 

EL TIEMPO NOS APREMIA Y CADA VEZ

SOMOS MÁS SOLIDARIOS DEL ENEMIGO

Muy cerca de la muerte, pero no del final

Cuando Leonel Rugama salió del Seminario para meterse a la guerrilla, sabía perfectamente los riesgos que esta decisión conllevaba.

Como dijo al respecto Óscar Turcios en su momento: “Ninguna aristocracia, ninguna oligarquía, ningún grupo dominante tuvo jamás un club tan exclusivo como el de nosotros. Para entrar entonces al Frente Sandinista había que colgar en la percha la vida y yo allí la vida les dejé”.

Ser guerrillero sandinista en los sesenta y en los setenta, siempre significó estar expuesto – en cualquier momento – a la posibilidad de ser encarcelado, sufrir tortura, ser asesinado. Significaba vivir, sabiendo que cada día podía ser el último.

Leonel Rugama amaba la vida, amaba profundamente su país y su gente, era un muchacho de su edad, con sus sueños, amistades y amores. Pero pensaba también en la muerte, como una posibilidad real a la cual, en algún momento, posiblemente le tocaría enfrentarse.

Estos pensamientos, se reflejan en los versos del poema Que la muerte y Epitafios de Leonel Rugama:

Que la muerte

[…]Entre tanto con esfuerzo

sobrehumano logro dar

débiles pasos y situarme

frente a mí, soy único testigo,

he comprendido

que la muerte no es menos

que la vida.

 

Epitafios de Leonel Rugama

 

Leonel Rugama

gozó de la tierra prometida

en el mes más crudo de la siembra

sin más alternativa que la lucha,

muy cerca de la muerte,

pero no del final […]

 

Ese 15 de enero de 1970, Leonel Rugama cayó como un gigante. Tenía 20 años. Cinquenta años después, sentimos que su canto sigue acompañándonos. Su voz llega a nosotros, con toda su fuerza, con toda su convicción, con toda su esperanza.

 

“Una lágrima

refrescó mi alma

llena de tristeza.

 

Esa lágrima era

mi esperanza”.

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