México, entre el derrumbe capitalista y las medidas reformistas del gobierno!

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Más de 105 mil muertos por la pandemia, una perspectiva de caída económica del 9% anual, una violencia que no para, una derecha rabiosa que no pierde la oportunidad para golpear a AMLO y, por otro lado, un gobierno que, en medio de toda esta tempestad, intenta salvar al sistema por medio de reformas para intentar apalear las necesidades tan urgentes del pueblo. Si podemos hacer una comparación podríamos decir que es como un doctor queriendo salvar a un paciente enfermo de cáncer a base de aspirinas.

Una herencia brutal

Es cierto lo que dicen algunos analistas que apoyan acríticamente al gobierno de AMLO cuando argumentan que si en medio de estas duras condiciones estuviera la derecha en el gobierno esto sería un desastre aún peor.

La burguesía nacional, el imperialismo y los diferentes partidos de la derecha han gobernado al país a lo largo de la historia hasta antes del 2018. Sus programas y políticas quedaron bien claros para la inmensa mayoría de la población. Las políticas económicas que aplicaron en el último periodo fueron brutales: un descenso del poder adquisitivo cercano al 80%, una guerra civil que ha arrojado más de 350 mil muertos, una serie de políticas que permitieron el saqueó a manos llenas de las arcas del Estado en beneficio de la burguesía nacional y el imperialismo. Todo eso acompañado de actos de corrupción grotescos, con una estructura estatal que involucra a empresarios, partidos políticos, gobernadores, ejército, cárteles, etc. Todo lo más podrido de la sociedad. Eran como marranos zambulléndose en el lodo, la inmundicia y la mierda.

El capitalismo se volvió altamente eficiente en nuestro país, fueron años de festín para los bancos que año tras año reportaban ganancias millonarias, muy por encima de las que generaban en sus países de origen. México se convirtió en la fábrica de millonarios más importante del mundo. Lógicamente que esto tenía su contraparte, el empobrecimiento brutal de la inmensa mayoría de la población.

Esta fue la herencia que retomó el gobierno de AMLO. Muchas de las calamidades que hoy se viven, a ciencia cierta, no fueron provocadas por este gobierno, sino que son un lastre del periodo pasado. Se ha desarrollado la violencia hacia la mujer y la violencia en general. En los doce años anteriores a la entrada del actual gobierno se generó una dinámica, una inercia donde los que dominan las armas y el dinero pueden decidir todo. El gobierno de AMLO no lo ha podido frenar.    

La situación de la dependencia económica al imperialismo -el 85% de las exportaciones van a Estados Unidos, el país importa el 60 % de los comestibles cotidianos, etc. Esto también es fruto del pasado. La política de rematar los bienes de la nación y las empresas nacionales también fueron llevadas adelante en el periodo pasado. Todo esto y muchos aspectos más fueron fruto de la política de la derecha y la burguesía nacional y extranjera. Los seguidores intransigentes del gobierno nos dicen “no esperes que se solucione todo esto en dos años”.

La carga de este gobierno

Justamente, la situación de dependencia, la crisis, la bancarrota del sistema, la guerra civil y los demás males que azotan al país no se pueden revertir ni en dos ni en 5 o 6 años. Sin embargo, el problema o el punto no es ese exactamente. La cuestión central para discutir las perspectivas del país y las nuevas calamidades, son las políticas del gobierno.

AMLO asumió la presidencia en diciembre del 2018, ese trimestre ya marcaba un estancamiento económico; durante su primer año la economía no creció y se declaró en recesión. El primer trimestre del año en curso, antes que estallara la pandemia, la economía no estaba creciendo, caía un 2.2% con respecto al primer trimestre del año anterior.  Podemos decir, con toda seguridad, que la pandemia lo único que hizo fue empujar al abismo a la economía, el segundo trimestre del año la economía cayó de forma estrepitosa a un 18.9%.

Ahora el gobierno se alegra porque el tercer trimestre refleja una clara recuperación. Lo últimos informes dan cuenta de una recuperación de un 12 por ciento. Sin duda esto es una noticia alentadora, pero está lejos de ser buena si miramos el panorama en su conjunto. Si tomamos en cuenta la caída anterior, la recuperación del tercer trimestre solo indica que la caída general anual puede ser de entre un 9 y 7 % . Incluso los sectores más reaccionarios de la burguesía han dicho esto. Romo declaró que no podíamos presentar la caída económica de 9% como si fuera un crecimiento de 9%. El único que hace cuentas positivas es el gobierno.

Es cierto que a causa del COVID-19 se tuvo que cerrar el comercio y esto fue un duro golpe, pero en realidad, la parte más seria de la crisis no es atribuible a este cierre, sino al colapso económico mundial y la dependencia del país al mercado internacional. Por la crisis de sobreproducción y el COVID-19, se desplomaron los precios del petróleo, se rompieron las cadenas comerciales y productivas, se detuvo el turismo mundial e hizo caer el intercambio del comercio internacional.

Otro aspecto que le ha tocado asumir al gobierno es la pandemia misma  por el COVID-19, la cual ha causado enormes estragos en el país. A un mes de terminar el año se suman más de 105 mil muertos. Estas son cifras que no se pueden minimizar. Aunque el gobierno ha dicho que no se ha podido atender de mejor manera por el rezago en salud, heredado de otros gobiernos, esto no es enteramente la causa de los miles de muertes (sin negar que en los sexenios pasados la política de ahorcar la sanidad pública para privatizarla era un objetivo a cumplir).

Al igual que todos los gobiernos capitalistas, el gobierno ha tenido que optar entre la economía y la salud, y AMLO ha escogido. No se han tomado todas las medidas necesarias para paralizar la economía, porque esto significaría una nueva caída económica, así que, a pesar de miles de argumentos, el gobierno se ha plegado, como todos los gobiernos capitalistas, a no detener la economía y asumir las muertes como un mal menor. Esto es una muestra clara que dentro del capitalismo la economía y el bienestar de la mayoría es una cosa incompatible.

Las medidas del gobierno: curar el cáncer con aspirinas

Este gobierno no sólo trae sobre la espalda la brutal herencia del pasado, sino la bomba que le ha caído en las manos (crisis económica internacional y COVID-19). Esto es una loza tremendamente pesada que no se puede soportar ni resolver con algunas medidas para “repartir mejor la riqueza”. El problema que estamos observando es estructural, del sistema capitalista, y muy particularmente de la bancarrota de un capitalismo atrasado y dependiente, y de una burguesía voraz, vividora y corrupta. El país siempre ha sido tratado como un patio trasero por el imperialismo americano, que está acostumbrado a mandar y que los gobiernos en turno le obedezcan.

Frente a este gran problema, AMLO ha optado, con los programas sociales, por tomar medidas que alivien un poco el dolor de la pobreza,  23 millones de personas reciben un apoyo del gobierno, pero esto en ninguna forma resuelve el problema. En primera porque no se resuelve la desigualdad y la pobreza. Durante estos dos años de crisis los ricos siguen acumulando fortuna, el mejor ejemplo es el reaccionario de Ricardo Salinas Pliego:

“Salinas Pliego, hoy uno de los asesores económicos más cercanos al presidente Andrés Manuel López Obrador, tuvo gran éxito durante los últimos 12 meses debido a la entrega de un volumen importante de negocios, a partir de licitaciones, ganadas por sus empresas, del gobierno federal y el gobierno capitalino.” (https://www.forbes.com.mx/listas-millonarios-2020-ricardo-salinas-pliego-11700-mdd/).

Y a los pobres, aun con el apoyo, no les alcanza siquiera a comprar la canasta básica. Es cierto que hay un poco de más dinero en las familias, pero es utilizado para salir del fondo sin que cambie en nada la situación de miseria.  Los datos son elocuentes, este año se calcula que aumentó la pobreza por la crisis económica.

“El poder adquisitivo del ingreso laboral real per cápita tuvo una disminución de 6.7% entre el tercer trimestre de 2019 y el tercer trimestre de 2020, al pasar de $1,794.87 a $1,675.21. Asimismo, entre el primer trimestre de 2020, el último trimestre disponible con información de la ENOE, y el tercer trimestre de 2020, se observa una disminución de 12.3% en el ingreso laboral real per cápita. Este es el ingreso más bajo desde el cuarto trimestre de 2017, cuando se ubicó en $1,669.31. Este comportamiento contrasta con la tendencia creciente en el ingreso de los últimos años.” (www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/ITLP-IS_resultados_a_nivel_nacional.asp).

Lo que estamos diciendo es que, aunque los programas sociales tengan una intención muy plausible no sirven para resolver los problemas que tenemos encima.

El gobierno, si de verdad quisiera resolver el problema de la pobreza estructural, debería comenzar por crear buenos empleos, bien pagados, crear una industria nacional que pueda dotar al país de una infraestructura de alto valor agregado para crear riqueza, debería recuperar la industria clave como el petróleo, la electricidad, las minas, las carreteras, la distribución y venta de bienes de primera necesidad, poner a disposición de todos los jóvenes sin casa los edificios abandonados y las construcciones nuevas que quieren vender a precios brutales cada metro cuadrado, debería de repartir la tierra y enfrentar a los grupos paramilitares que son financiados por la derecha o empresas que quieren explotar recursos naturales. El gobierno se debería de apoyar en el movimiento obrero y de mujeres para terminar con la violencia machista, creando comités de autodefensa y policías comunitarias, debería de dejar de pagar la deuda externa y utilizar todos esos recursos para financiar un plan de infraestructura que le sirva a la gente más pobre (escuelas, hospitales, centros culturales y deportivos, casas de interés social, entre otras), etc.

Hay muchas medidas que el gobierno podría tomar, pero como su objetivo es renovar y salvar al capitalismo, salvar a un Estado podrido y corrupto, todas estas medidas revolucionarias que son necesarias para terminar con la crisis capitalista y con la crisis sanitaria, no entran dentro del esquema de AMLO. Como lo hemos dicho, intenta salvar a un enfermo terminal de cáncer con aspirinas. Está si es su responsabilidad, él ha escogido ese camino.

En el caso de la pandemia, por ejemplo, si de verdad se quisiera salvar a la gente de la muerte, se debería decretar un cierre general de todos los centros de trabajo, excepto los esenciales. Se deberían congelar las rentas y el gobierno debería garantizar los insumos alimenticios necesarios para todas las familias, esto implicaría la nacionalización de las grandes cadenas como Walmart para concentrar todos los productos y repartirlos según las necesidades. Las empresas deberían ser obligadas a pagar el salario completo a sus trabajadores y los despidos deberían de estar prohibidos y, si alguna empresa faltara a esto, debería de ser expropiada y puesta a funcionar bajo el control de los trabajadores. Se necesitan medidas audaces. La política del gobierno básicamente ha sido una recomendación moral para que la gente use mascarilla y que sea consciente del peligro. Esto no sirve.

Lavándole la cara a la burguesía

Lejos de una política decidida a favor de la clase obrera y los explotados, AMLO a optado por lavarle la cara a esta burguesía cobarde, corrupta y miserable. Él piensa que la intervención estatal debería de servir para ayudar a todos los sectores. Sin embargo, ante esta idea, va recibiendo patadas en la boca por parte de los empresarios.

La política del gobierno es clara y se ha podido ver, en al menos tres casos. La primera es con respecto a la reforma al régimen de pensiones. El gobierno presentó esta reforma como una cooperación de la burguesía para aumentar las pensiones, diciendo que ellos iban a pagar más para buscar el bienestar de la gente. Pero algo que se le olvidó comentar fue que eso ocurrirá sólo en el caso de que los salarios sean altos, sólo así la que pagaría más es la empresa privada (un porcentaje pírrico de cara a los salarios en México). La gran mayoría del “aumento” lo va a cubrir el gobierno porque a las pensiones ordinarias se les va a sumar la cantidad que ahora da el gobierno federal a adultos mayores de 2600 pesos cada dos meses. Esto es quererle tomar el pelo al pueblo, cuando la misma gente, por medio de sus impuestos paga su pensión, y ahora se viene a decir que es gracias a los empresarios que se logra este acuerdo.

El segundo caso es muy similar. En el caso de los proyectos económicos para reactivar a economía, el gobierno dijo que había 39 proyectos donde el gobierno junto a los empresarios invertiría para desarrollar el país. Si se mira detenidamente en todos los proyectos quien invierte es el gobierno, ya sea federal o estatales, y las empresas privadas son las que realizará el trabajo de construcción (casi todos son de infraestructura). Esta es otra mentira. La burguesía mexicana y la imperialista, lejos de reforzar su inversión en el país está aumentando los trámites para sacar su capital del país, la inversión extranjera directa ha caído y todos los analistas comentan que no solo es por el COVID-19, sino por la falta de confianza en el gobierno.

El otro caso es la reforma que se ha presentado para terminar con la subcontratación u outsourcing. En este caso el gobierno ha tomado una iniciativa, no de terminar con él sino de regularlo y la respuesta de las camaradas empresariales ha sido un rotundo no. Ahora se están negociando los términos para que la burguesía nacional, quien ha sido tremendamente beneficiada, acepte la propuesta del gobierno. Seguramente que al final se venderá como un pacto donde todas las fuerzas han estado de acuerdo y esta reforma al final será para regular y no terminar la tercerización del trabajo.

La política del gobierno de AMLO es conciliar, porque según él, son necesarias todas estas fuerzas, pero lo que se ha visto hasta es que tanto la burguesía nacional como la internacional toma del gobierno lo que les sirve, a lo demás simplemente se oponen y quieren hacerlo retroceder. No dan su brazo a torcer porque ellos si tienen claridad política, es decir, en medio de la crisis no pueden aceptar dar un paso atrás, por mínimo que éste sea, por eso se oponen a todas las reformas del gobierno, por eso les urge echarlo de la presidencia.

La derecha rabiosa

Desde el principio de este nuevo periodo, la derecha le ha declarado la guerra al gobierno de AMLO y tiene varios planes para deshacerse de él. El triunfo tan apabullante de la izquierda en el 2018 desfondó a los partidos de la burguesía y uno de los principales objetivos es reagrupar su fuerza política en el parlamento. “Sí por México” es este esfuerzo por recuperar el terreno parlamentario. El PRI, el PAN y el PRD van a unir sus fuerzas para tratar de conquistar la mayoría de los diputados y desde ahí sabotear al gobierno.

Otra estrategia de la burguesía es movilizar a los sectores más atrasados de la sociedad contra el gobierno. El plantón de FRENNA en el zócalo es una representación gráfica de esto. La gente que estaba en el plantón era pagada para estar haciendo bulla o eran sectores religiosos y/o reaccionarios de los pueblos y comunidades más atrasadas políticamente. La parte más activa y decidida de ellos, pero incapaz de hacer algo más, es la pequeña burguesía y la burguesía reaccionaria. Su plan ha fracasado, pero sí han logrado ensanchar su base movilizada y que esta sirva como presión para movilizar a instituciones reaccionarias del aparato estatal, como los jueces o el Ejército.

El siguiente plan es infiltrarse en todos los espacios posibles de la lucha social y de Morena para poder tomar estos movimientos como banderas y estar golpeteando al gobierno con demandas justas. En el caso de Morena, la infiltración tiene el propósito de diluir el programa del partido de AMLO. Ahora mismo estamos viendo como se tejen alianzas con partidos reaccionarios, bajo el pretexto de ganarle a la derecha. Su objetivo es causar la desmoralización de los militantes de base y que ellos tengan el camino libre para controlar el próximo candidato presidencial, que, aunque aparezca con las siglas de Morena sea el candidato más ad hoc de la burguesía.

Aunque la burguesía y la derecha en este momento son una minoría, tienen dos herramientas muy poderosas que van a utilizar una y otra vez contra el gobierno. La primera es una claridad política respecto a sus objetivos y el primordial es echar del gobierno a AMLO. No actúan bajo escrúpulos sino bajo consigna y van a hacer lo necesario para lograr su objetivo. La segunda es su dinero, poderosa herramienta para comprar voluntades y hacer huelga de capitales.  Pero, a decir verdad,  principal enemigo del gobierno es su propia política.

Las reformas ante un periodo de crisis

Los marxistas apoyamos críticamente algunas de las medidas que AMLO ha tomado, particularmente las que tienen que ver con apoyar a los sectores más pobres del país. Hay otras cosas que definitivamente no apoyamos y a las cuales nos oponemos, como es el caso de conciliar con la burguesía, sus proyectos de infraestructura bajo una lógica capitalista como el Tren Maya o el transístmico, etc. Estamos totalmente en contra de ir dando más poder al Ejército y a las fuerzas armadas. Pero el punto no es tanto lo que nos gusta o no, sino lo que este gobierno puede hacer para solucionar los problemas del país.

El gran problema de AMLO es su propio programa e ideas. Él trata de conciliar los intereses de “todos los mexicanos” pero no todos los “mexicanos” tienen los mismos intereses. Como marxistas sabemos que los intereses de los trabajadores están en contraposición con los de los empresarios. Cuanto mayor riqueza tiene el empresario mayor pobreza hay para el trabajador y viceversa. Si un trabajador tiene mayor sueldo y mejores prestaciones, eso representa una menor riqueza del empresario. Esta es la gran contradicción en el sistema capitalista. ¿Cómo es que AMLO trata de resolver esto?

Para el actual gobierno, la parte fundamental es la participación del Estado. Por medio de él se tiene que incentivar el consumo a partir de programas sociales. La ayuda que da AMLO no están mal, pero no resuelven nada de fondo. Como ya lo mencioné, sólo es un paliativo contra la pobreza. Se da un poco de dinero para que la gente tenga que comer, pero no para dejar de ser pobre, ni se frena la explotación en el trabajo. A los empresarios les da negocios con el Estado, contratos de construcción, cabida en los programas de infraestructura, les regala trabajadores a partir del programa de primer empleo, etc.

Esta idea tiene un límite, principalmente en momentos de crisis. El Estado debe tener dinero para dar apoyos y para los programas de infraestructura, ese dinero, ahora ha salido de recortes a los salarios de la alta burocracia, de ahorro en gastos inútiles del gobierno, evitando la corrupción, etc. Pero todo eso va a llegar a un límite. Como en el periodo neoliberal se privatizaron todas las empresas que pertenecían al Estado, ahora sólo recauda dinero a partir de los impuestos. Este año han aumentado los ingresos por impuestos porque se ha llevado una política agresiva para que los grandes deudores, a los que antes se les perdonaba los impuestos, paguen. Pero al no haber deudas, este dinero ya no entrará en los siguientes años.

La única forma que tiene el gobierno de mantener los programas es por medio de la deuda. AMLO ha dicho que se niega a contraer nueva deuda, pero esto no se podrá mantener para siempre. Al no tener más recursos de donde echar mano, inevitablemente el gobierno tendrá que endeudarse para mantener su programa de apoyos. Nosotros pensamos que el gobierno no sólo no debería contraer más deuda, sino que se debería de negar a pagar la deuda externa y utilizar ese dinero en un plan de inversión en fábricas y casas habitacionales, sin embargo, esto no aparece en la agenda del gobierno.

No es lo mismo querer administrar una empresa en quiebra, a administrarla en periodos de bonanza. Esta misma idea aplica al gobierno. En un periodo de alza o boom capitalista, el Estado se puede dar el lujo de invertir en reformas sociales, incluso la burguesía puede aumentar los salarios, pero en un periodo de crisis, la burguesía empuja para que los gastos “innecesarios” se eliminen, entre ellos el apoyo a los sectores más pobres.  Ahora mismo los empresarios dicen que el salario debería incrementarse a 7 pesos para el siguiente año, su argumento es que están en crisis, pero eso es una ridiculez, sobre todo si pensamos en el incremento de los precios de la canasta básica, ¿Cuál va a ser la política del gobierno? Tratar de negociar y mediar. Lo mismo que ha hecho con el outsourcing o con las jubilaciones. En todos los casos que el gobierno ha lanzado ideas para tratar de favorecer a los trabajadores, vemos a los empresarios oponerse, el gobierno, con el fin de mantener la fiesta en paz ha retrocedido, convirtiendo sus planteamientos en simples chapucerías.

Al final esto no satisface ni a los intereses de la burguesía ni a los trabajadores. El gobierno queda en medio de dos fuerzas que son irreconciliables. Como la burguesía es clara en sus intereses, no le convence este gobierno. Como los trabajadores, la mayoría, tienen esperanza en el gobierno, AMLO utiliza esa confianza para hacer pasar sus políticas como progresistas sin que necesariamente lo sean. Al final las reformas del gobierno, aunque económicamente ayudan un poco, políticamente mantienen en la confusión a la clase y esto es un impedimento para que pueda clarificar su posición política.

Perspectivas

Es complicado hacer perspectivas a largo plazo por las contradicciones que encierra el periodo. El Secretario de Hacienda ha dicho que no se puede tener una claridad de las finanzas hasta que no se controle el COVID-19. Por su parte Ebrard ha dicho que las primeras vacunas se podrán aplicar en diciembre, pero López Gatell dice que es posible que no tengamos una recuperación hasta marzo. Hay cientificos que hablan que la verdadera estabilización vendrá a fin de 2021. Aunque se ha avanzado mucho en las vacunas aun no hay, a ciencia cierta, una fecha para cuando estén accesibles al conjunto de la población. Esto es un factor de inestabilidad.

A la inestabilidad de la pandemia se le agrega la situación económica internacional. Algunos analistas dicen que la crisis no va a tener una recuperación de V, aunque la recuperación que ha habido en el tercer trimestre en EEUU e incluso México es alentadora.  Estados Unidos y la Unión Europea han evitado el colapso de sus economías a partir de la inversión masiva de dinero a los bancos y grandes empresas, algo de eso a caído en la mesa de los trabajadores. También esto ha jugado en favor de una recuperación vertiginosa en estos últimos meses, pero esta solo es la antesala de una nueva caída. Esta se presentará en el momento en que se tengan que pagar todas las deudas que han contraído los Estados para rescatar a sus respectivas burguesías. Esto tendrá un efecto en la lucha de clases y también en las económicas, las cuales están lejos de ser estables. Las consecuencias de esas turbulencias económicas golpearán a México, por su dependencia de la economía mundial, pero principalmente de la norteamericana.

AMLO pretende, con la inversión en infraestructura y en “cooperación” con las empresas privadas, lograr recuperar la economía. Seguramente la inversión millonaria que se está haciendo en los grandes proyectos de infraestructura (aeropuerto, trenes y refinería) crearán fuentes de trabajo, pero eso está muy por debajo de lo que se necesita para resolver el problema del desempleo y el trabajo informal, que junto llega a cerca del 60% de la Población Económicamente Activa (PEA).

Además, como el gobierno no ha invertido en la creación de empresas, sino en el subsidio al consumo, el gobierno cada vez más depende de lo que las empresas privadas puedan hacer por la economía. Y como hemos visto, estas empresas no ven por “México” sino por sus intereses. Cada iniciativa que presente el gobierno, que sea lasciva para ellos, dejarán de invertir, sacarán sus capitales, chantajearán y minaran todas las iniciativas que el gobierno quiera hacer. Es decir que al final vamos a ver cómo, o el gobierno se somete al poder de la burguesía nacional o extranjera y acaba maquillando su gobierno, hablando a favor de los pobres, pero haciendo justamente lo contrario, o se enfrenta a ellas y escala la polarización social que tienda a mover a los sectores más profundos de la clase obrera.

La polarización política se va a seguir desarrollando, aunque el gobierno quiera hacer todo lo posible por contenerlo. Los programas sociales no pueden desconectar el ambiente político que hay. Por un lado, la derecha reaccionaria y por el otro, los seguidores de base de este gobierno se van a expresar en todos los niveles. Lo primero va a ser en las elecciones del 2021 y principalmente en el 22, cuando se plantee el referéndum revocatorio del presidente. El frente electoral de la derecha, Sí por México, la Alianza federalista de gobernadores contra AMLO, FRENNA, los infiltrados en Morena, etc. Todas estas fuerzas harán lo posible para desmoralizar a la base lopezobradorista, querrán hacer fracasar las políticas de AMLO que tengan que ver con favorecer a los más desprotegidos, ensancharán su confianza y ánimo. Por el lado de los trabajadores y la juventud, la sombra de AMLO les impide, por el momento, ver todos estos desafíos, pero su experiencia les irá mostrando el camino y encontrando a sus amigos y enemigos.

Los sectores a la izquierda del gobierno y que no están bajo la tutela del presidente, se radicalizarán porque no encuentran salida en las políticas del gobierno ni en el sistema (el movimiento de las mujeres, los indígenas, algunos batallones de la clase obrera y parte de la juventud). Estos sectores saldrán a las calles a luchar por sus derechos y la derecha los tratará de utilizar para confrontarlos con el gobierno, ellos mismos verán las limitantes de un gobierno reformista y girarán a la ultraizquierda o la derecha.

En medio de todo esto, la situación de violencia no disminuirá. El Ejército, la Guardia Nacional y la Marina sufrirán un proceso de desgaste y se manifestará en corrupción, represión y asesinatos. El crimen organizado no desaparecerá con más presencia del Ejército, sino que este sucumbirá frente a la corrupción y el crimen. El problema de la violencia es un problema inherente al capitalismo dependiente y atrasado.

Para los marxistas, nos queda claro que el gobierno de AMLO no va a resolver los problemas del país, que su margen de maniobra es muy pequeño y que sus intentos por convertir al país en un capitalismo funcional pasan por evitar la lucha de clases, pero en las condiciones en las que vivimos, es imposible realizarlo. Para llevar adelante las reformas que el gobierno plantea se necesitan medidas socialistas, que rompan con el capitalismo. Como AMLO no va hacia ese camino, sus políticas de reformas no solamente serán limitadas, sino que algunas fracasarán, generando desilusión entre una parte de los que hoy le apoyan. Pero también habrá un sector que saque conclusiones revolucionarias, y ahí estaremos nosotros, para explicar que el problema no son las reformas, sino el capitalismo y para que una reforma pueda germinar hay que construir una nueva sociedad, una socialista.

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